
Entre, danzas, música, drama y letras….
Cómo se llega a ser lo que se es.
Siempre he pensado que es difícil saber lo que uno es, o quiere llegar a ser, sin saber quién ha sido. Nosotros somos el resultado de nuestra historia construida en el constante devenir del tiempo.
Primero son los padres y la familia en general, posteriormente aquellos que conocemos en la escuela, los amigos, y por supuesto, los maestros, aquellos de los que nos encariñamos, o nos decepcionamos, o simplemente recordamos. Es con base a lo vivido que uno llega a ser lo que es, en este caso, cómo llegue a ser docente y a vivir profesionalmente de serlo.
Desde niña, la música, la danza, el teatro y los libros de cuentos, jugaban alrededor de mí y conmigo, al grado que imaginaba ser una gran bailarina que entrenaba y entrenaba, hasta llegar a alojarme en un escenario. Esto no era fortuito pues mi primer acercamiento con lo que era la formación, fue al lado de mi maestra de Danza, siempre incansable a pesar de la edad, siempre disciplinada y siempre apasionada de su quehacer, ella con su coherencia y lecciones de vida, me hizo amar la danza, el arte y los estudios, pues siempre decía, “de qué sirve una bailarina ignorante que no entienda lo que va a interpretar”, estas palabras eran las que resonaban cuando prefería ir a clases de danza en lugar de ponerme a estudiar, así es que tenia que dedicarle el mismo tiempo a mis dos obligaciones y que con el tiempo se volvieron mis dos pasiones, el “arte” y el estudio.
Llegó el momento de elegir a qué me iba a dedicar en la vida, obviamente esto tendría que ver con mi vocación, y de hecho lo fue, tenia facilidad de socialización, escucha y servicio, me gustaba ver lo que una tía hacía en su escuela para ser psicóloga, me aplicó todas las pruebas que le dejaban de tarea, la danza aunque me era hermosamente seductora, no podía ser opción pues aunque mis gustos artísticos siempre fueron respetados e incluso impulsados, no eran aplaudidos para tomarlos como algo profesional, yo tenía que estudiar algo “en serio”, la vida nos va poniendo en lugares precisos en momentos precisos. A la edad de 18 años estando a un paso de pasar al 3° nivel de preparatoria, se presentó un momento especial, mi primer encuentro con el nivel universitario:
El tercero de preparatoria era todo un vértigo de experiencias y de exigencias tanto académicas, como personales, todos los compañeros estábamos en el mismo tren, época de hacer grandes amigos y de tomar grandes decisiones, todo mundo feliz de terminar la preparatoria y a la vez angustiado pensando a dónde será el mejor lugar, formamos grandes amigos durante esa época y compartíamos nuestros gustos y formas de estudiar, así como, lo que pensábamos de nuestros maestros, algunos entrañables, por exigentes pero humanos, otros por divertidos, y otros por insufribles, de los exigentes y divertidos tratábamos de sacar el mejor provecho y consejo, de los demás, pues también se aprende a conocer lo que uno no quiere ser.
Fue así como llegó a nosotros la información de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, pues una de nuestras maestras (justo, la que nos daba psicología) estudio ahí y nos platicó que la forma de aprendizaje era diferente a la tradicional, se estudiaba por trimestres y era un sistema modular??? En esos momentos no entendía muy bien que significaba, pero si entendía que la responsabilidad del estudio estaba en manos de los estudiantes y el maestro sólo era una especie de facilitador o coordinador, eran pocos alumnos y no llevaba uno materias separadas. Esto me llevó a querer conocerla y fui con mis cuates a visitarla, a pedir información, y decidí que esa tenía que ser mi escuela, no quería otra universidad, por lo que sólo hice examen en esa escuela y no como mis amigos y amigas que hicieron en la UAM y la UNAM, por si las dudas, en mi caso no fue así, o entraba en esa promoción o esperaba al próximo trimestre para volver a intentarlo, lo cual no hizo falta porque afortunadamente, si fui aceptada.
Por todo lo anterior, no, no fue mi opción primaria la docencia, sino la psicología como elección de vida académica. Sé que la presente narración es sobre cómo ingrese al mundo de la docencia y no sobre la historia de mi vida, sin embargo, fueron estos acontecimientos los antecedentes directos para haber llegado a ser, lo que soy ahora.
Mi formación como psicóloga lleva en sí misma conocimientos entre muchos otros: sobre cómo procesa el ser humano la información, así como teorías del aprendizaje, etc.… por lo que, se puede decir que ya nos dan ciertos elementos para comprender cómo se dan dichos procesos, sin embargo, no existe en nuestra currícula, lo que se conoce como didáctica, eso se estudia en pedagogía.
No obstante, por la metodología que en sí misma lleva la escuela y su modelo en particular, aprendí que las cosas pueden ser diferentes en los procesos de aprendizaje, que existe el par bidireccional enseñanza aprendizaje. Mi proceso de formación fue en el seno de lo que se llama grupo operativo, aprendí cómo se construyen los objetos de estudio y lo que es investigar, base de cualquier construcción del conocimiento y de los saberes, por lo tanto, aprendí que lo que no me enseñaran, yo lo podía aprender investigando y cuestionando, y aprendí que no hay razón del conocimiento sino se puede aplicar a la realidad. Todos mis maestros en la universidad fueron centrales para mi formación, mi mayor aspiración era llegar a ser como ellos, académicos, investigadores y por supuesto docentes, motivaron en mí la pasión de saber e investigar y continuar formándome, y así lo hice.
Posterior a la licenciatura hice una especialización en manejo grupal desde el psicodrama y fue cuando al estar dirigiendo una técnica psicodramática a un grupo de adolescentes estudiantes de danza en el INBA, lugar en donde logré conjuntar, por fin, mis dos pasiones, la danza y la psicología y surgió inminente la tercera, la docencia, es decir, se abrió ante mi otro camino que también me proporcionaba un gran placer, el poner en juego todos mis aprendizajes logrados hasta ese momento en mi formación al servicio de la formación de otros y en especial de los jóvenes. Esta fue mi puerta de entrada hacia mi vocación de formadora y a partir de ahí, se fueron abriendo oportunidades de trabajar en el ámbito de la docencia, en diferentes áreas y yo solía hacer lo que vi y viví en mi propia formación.
Todas la teorías y herramientas adquiridas en la carrera las puse también al servicio de la docencia, mi formación de directora en psicodrama y manejo grupal también me daba diversas posibilidades para propiciar los aprendizajes, mi pasión por la música, el teatro y la danza, han sido invaluables para encontrar la dimensión estética de la docencia. Hoy en día me he dedicado a continuar con mi formación en el área educativa, encontrándole mayor sentido a mi labor docente, a través de talleres, diplomados y al parecer es un camino que no se acaba, ya he aprendido sobre planeación curricular, sobre didáctica y ahora en medio de la era de la sociedad del conocimiento matizada por la globalización, tengo que incorporar todos estos conocimientos al campo de las competencias y es por eso que hoy nos hemos podido encontrar aquí.
Hoy en día, la danza, la música, el drama y los libros de cuentos, siguen jugando alrededor de mí y conmigo, sólo que ahora esos libros de cuentos son de aquellos que nos cuentan sobre el pensamiento humano y su devenir en la ciencia y por ende, en la educación, danzo con sus propuestas e invento nuevas danzas al compás de la música de las interrogantes de mis alumnos y la escuela es el escenario en donde representamos cotidianamente el juego de vivir y construirnos un personaje que caracterice nuestra profesión.
Cómo se llega a ser lo que se es.
Siempre he pensado que es difícil saber lo que uno es, o quiere llegar a ser, sin saber quién ha sido. Nosotros somos el resultado de nuestra historia construida en el constante devenir del tiempo.
Primero son los padres y la familia en general, posteriormente aquellos que conocemos en la escuela, los amigos, y por supuesto, los maestros, aquellos de los que nos encariñamos, o nos decepcionamos, o simplemente recordamos. Es con base a lo vivido que uno llega a ser lo que es, en este caso, cómo llegue a ser docente y a vivir profesionalmente de serlo.
Desde niña, la música, la danza, el teatro y los libros de cuentos, jugaban alrededor de mí y conmigo, al grado que imaginaba ser una gran bailarina que entrenaba y entrenaba, hasta llegar a alojarme en un escenario. Esto no era fortuito pues mi primer acercamiento con lo que era la formación, fue al lado de mi maestra de Danza, siempre incansable a pesar de la edad, siempre disciplinada y siempre apasionada de su quehacer, ella con su coherencia y lecciones de vida, me hizo amar la danza, el arte y los estudios, pues siempre decía, “de qué sirve una bailarina ignorante que no entienda lo que va a interpretar”, estas palabras eran las que resonaban cuando prefería ir a clases de danza en lugar de ponerme a estudiar, así es que tenia que dedicarle el mismo tiempo a mis dos obligaciones y que con el tiempo se volvieron mis dos pasiones, el “arte” y el estudio.
Llegó el momento de elegir a qué me iba a dedicar en la vida, obviamente esto tendría que ver con mi vocación, y de hecho lo fue, tenia facilidad de socialización, escucha y servicio, me gustaba ver lo que una tía hacía en su escuela para ser psicóloga, me aplicó todas las pruebas que le dejaban de tarea, la danza aunque me era hermosamente seductora, no podía ser opción pues aunque mis gustos artísticos siempre fueron respetados e incluso impulsados, no eran aplaudidos para tomarlos como algo profesional, yo tenía que estudiar algo “en serio”, la vida nos va poniendo en lugares precisos en momentos precisos. A la edad de 18 años estando a un paso de pasar al 3° nivel de preparatoria, se presentó un momento especial, mi primer encuentro con el nivel universitario:
El tercero de preparatoria era todo un vértigo de experiencias y de exigencias tanto académicas, como personales, todos los compañeros estábamos en el mismo tren, época de hacer grandes amigos y de tomar grandes decisiones, todo mundo feliz de terminar la preparatoria y a la vez angustiado pensando a dónde será el mejor lugar, formamos grandes amigos durante esa época y compartíamos nuestros gustos y formas de estudiar, así como, lo que pensábamos de nuestros maestros, algunos entrañables, por exigentes pero humanos, otros por divertidos, y otros por insufribles, de los exigentes y divertidos tratábamos de sacar el mejor provecho y consejo, de los demás, pues también se aprende a conocer lo que uno no quiere ser.
Fue así como llegó a nosotros la información de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, pues una de nuestras maestras (justo, la que nos daba psicología) estudio ahí y nos platicó que la forma de aprendizaje era diferente a la tradicional, se estudiaba por trimestres y era un sistema modular??? En esos momentos no entendía muy bien que significaba, pero si entendía que la responsabilidad del estudio estaba en manos de los estudiantes y el maestro sólo era una especie de facilitador o coordinador, eran pocos alumnos y no llevaba uno materias separadas. Esto me llevó a querer conocerla y fui con mis cuates a visitarla, a pedir información, y decidí que esa tenía que ser mi escuela, no quería otra universidad, por lo que sólo hice examen en esa escuela y no como mis amigos y amigas que hicieron en la UAM y la UNAM, por si las dudas, en mi caso no fue así, o entraba en esa promoción o esperaba al próximo trimestre para volver a intentarlo, lo cual no hizo falta porque afortunadamente, si fui aceptada.
Por todo lo anterior, no, no fue mi opción primaria la docencia, sino la psicología como elección de vida académica. Sé que la presente narración es sobre cómo ingrese al mundo de la docencia y no sobre la historia de mi vida, sin embargo, fueron estos acontecimientos los antecedentes directos para haber llegado a ser, lo que soy ahora.
Mi formación como psicóloga lleva en sí misma conocimientos entre muchos otros: sobre cómo procesa el ser humano la información, así como teorías del aprendizaje, etc.… por lo que, se puede decir que ya nos dan ciertos elementos para comprender cómo se dan dichos procesos, sin embargo, no existe en nuestra currícula, lo que se conoce como didáctica, eso se estudia en pedagogía.
No obstante, por la metodología que en sí misma lleva la escuela y su modelo en particular, aprendí que las cosas pueden ser diferentes en los procesos de aprendizaje, que existe el par bidireccional enseñanza aprendizaje. Mi proceso de formación fue en el seno de lo que se llama grupo operativo, aprendí cómo se construyen los objetos de estudio y lo que es investigar, base de cualquier construcción del conocimiento y de los saberes, por lo tanto, aprendí que lo que no me enseñaran, yo lo podía aprender investigando y cuestionando, y aprendí que no hay razón del conocimiento sino se puede aplicar a la realidad. Todos mis maestros en la universidad fueron centrales para mi formación, mi mayor aspiración era llegar a ser como ellos, académicos, investigadores y por supuesto docentes, motivaron en mí la pasión de saber e investigar y continuar formándome, y así lo hice.
Posterior a la licenciatura hice una especialización en manejo grupal desde el psicodrama y fue cuando al estar dirigiendo una técnica psicodramática a un grupo de adolescentes estudiantes de danza en el INBA, lugar en donde logré conjuntar, por fin, mis dos pasiones, la danza y la psicología y surgió inminente la tercera, la docencia, es decir, se abrió ante mi otro camino que también me proporcionaba un gran placer, el poner en juego todos mis aprendizajes logrados hasta ese momento en mi formación al servicio de la formación de otros y en especial de los jóvenes. Esta fue mi puerta de entrada hacia mi vocación de formadora y a partir de ahí, se fueron abriendo oportunidades de trabajar en el ámbito de la docencia, en diferentes áreas y yo solía hacer lo que vi y viví en mi propia formación.
Todas la teorías y herramientas adquiridas en la carrera las puse también al servicio de la docencia, mi formación de directora en psicodrama y manejo grupal también me daba diversas posibilidades para propiciar los aprendizajes, mi pasión por la música, el teatro y la danza, han sido invaluables para encontrar la dimensión estética de la docencia. Hoy en día me he dedicado a continuar con mi formación en el área educativa, encontrándole mayor sentido a mi labor docente, a través de talleres, diplomados y al parecer es un camino que no se acaba, ya he aprendido sobre planeación curricular, sobre didáctica y ahora en medio de la era de la sociedad del conocimiento matizada por la globalización, tengo que incorporar todos estos conocimientos al campo de las competencias y es por eso que hoy nos hemos podido encontrar aquí.
Hoy en día, la danza, la música, el drama y los libros de cuentos, siguen jugando alrededor de mí y conmigo, sólo que ahora esos libros de cuentos son de aquellos que nos cuentan sobre el pensamiento humano y su devenir en la ciencia y por ende, en la educación, danzo con sus propuestas e invento nuevas danzas al compás de la música de las interrogantes de mis alumnos y la escuela es el escenario en donde representamos cotidianamente el juego de vivir y construirnos un personaje que caracterice nuestra profesión.

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